Burlando el poder

Otra vez esas botas asesinas
Pisoteando muchachas ingenuas…
Escapemos, madre,
por la puerta falsa
abandonemos este túnel rojo de puertas en serie
vámonos a la claridad de la casa campesina
y si nos confunde el ánimo
en la mitad de las rocas escarpadas
al borde de ese enorme precipicio
madre,
quítate tus zapatos
tómalos en tus manos
y sígueme descalza.

Hago trizas el miedo

El miedo me sigue
en la luna pagana
y el paso asesino
en la luz de los coches
a la hora imprevista
de la estrella más alta.

Viene con el vuelo del ave a medianoche
con el aullar del perro que ha perdido a su amo,
con el crujir del árbol que derriban los rayos.

Yo lo desafío minuto a minuto
a mostrarse entre luces
a rotar con la tierra bajo cuatro estaciones
a ahogarse en la lluvia voraz que me visita.

Pero el miedo trajina mis calles,
con el llanto anónimo de los peregrinos.
En el repicar de campanas
galopa en disfraces
y destempla mi canto.

Por eso hoy decido por un sol entero
hago trizas mi llanto,
hago trizas este miedo maldito
y con paso seguro
voy a la cotidiana claridad de la lámpara.

 

Algo ha pasado en esta casa

Algo ha pasado en esta casa…
por las puertas
por las ventanas
por todas las rendijas
entra el ulular de las sirenas
el dolor de víctimas de guerra
la rabia de los manifestantes,
el insomnio del soldado fatigado
con cuatro días de desierto en sus espaldas
y todos sus sueños suspendidos…

Algo ha pasado en esta casa
ya no encuentro paz en la pantalla
miro los árboles llorando llamas
y crujiendo al sentirse destrozados.

Algo ha pasado
y no sé dónde puedo arrodillarme
he perdido la llave de mi cuarto
no hallo el descanso justo en mi jornada
la cama se ha poblado de silencio
cerrar los ojos es martirio que sofoca
todo es un túnel oscuro y sin salida.

Algo ha pasado en esta casa.

Con el poder de Lisístrata*

Invocando el poder de Lisístrata
hago escarnio de los asalariados de la guerra
para defender a mi Atenas de Esparta.

Convoco a la mujer de delantal
la de tacones
la doméstica y la reina
la obrera y la madre
la joven y la anciana…
a todas llamo
a desertar de las camas de sus amados
hasta que todos regresen de la guerra
y se nieguen a ofrecer sus vidas
para que unos pocos sobrevivan
con más riqueza de la que pueden usar
si vivieran diez mil vidas.

Con el mismo poder de Lisístrata,
se los juro,
terminaremos con las guerras
y los poderosos de turno
caerán de su caballo con todo y sus morrales.
No más madres con niños heridos en sus brazos
ni piernas amputadas con espadas
ni hombres muertos en ajenas batallas.

Mandaré a las cabezas de faunos
a morder la soledad
al ayuno sexual
y no más carneros desollados
ni familias a la espera
desplazadas por la guerra.

Por el poder que tuvo Lisístrata
todos los ejércitos
se detendrán en seco
vencidos por el aire
que enfurecido llama
a la verdadera paloma de la paz

*Lisístrata, mujer de la mitología griega.

Festín de los cuatro elementos

El viento abre sus fauces y respira.

Hambre tienes ¡Oh viento!
hambre de vidas
de mujeres y hombres que aderecen tu mesa
silencia al pájaro en el monte más alto
multiplicas los muertos y cosechas olvidos.

Hambre tienes ¡Oh tierra!
hambre de espacio
de carne de todas las especies
y te alías al viento que le brinda alimento.

Hambre tienes ¡Oh río!
hambre de gritos de horror
de patadas de ahogados
de curvas desnudas
del ojos con mirar indefenso
mientras les siegas la vida.

He visto en llamas el volcán
las ruinas que deja el huracán
los cementerios que improvisa el terremoto
siento algo incontenible en la garganta...

¡Su fiesta es la feria de la muerte!
e invitaba a un río que se antojaba otro
delineaba nuevo curso pavoroso.

Ya no veré más a María
sirviendo una sopa en Chinandega
ni a Luvina con sus hijos
en su caballo famélico
se ha ido Tony con el Jazz y sus sueños intactos.

Sin develar la aritmética exacta de la vida
en la propia culminación de su festejo
pasa la orgía de los cuatro elementos.

Voz del huracán

Como loco escapado de manicomio público
con las ropas en desorden
y los cabellos al aire
pasa el huracán
con traje de larga cola
estremeciendo paisajes.

Mil mensajeros navegan
en sus largos silabeos
de su lengua sin garganta...
mi angustia no los descifra.

Ajusta cuentas de guerras
altos clamores de paz
y deseos de abundancia
el huracán grita a voces
pero nadie lo comprende.

Como la rana que nunca
salir de su pozo supo
como el avestruz que oculta
la cabeza ante el peligro
entre los ranchos seguros
entre los abrigos nuevos
se salvan muchos oídos
de los reclamos del viento.

Pero el huracán arrecia
domesticando ciudades
desbordando ríos y mares
marcando la geografía
con los pasos de su danza.

Invisible se va dejando
las huellas de su visita.
y nadie,
nadie descifra su rabioso silabeo.

Ira

Ira,
me invadiste cuando mis anhelos se truncaron
cuando no pude hacer nada ante tanta injusticia
cuando estrujaron mis senos
hasta hacerme gritar de sufrimiento
y nadie vino a defenderme…

Cuando asesinos golpearon a mi vecina
y un grito sordo se ahogó en mi garganta.
Cuando rogué por una luz más cierta
y la picota de la ironía cayó en mi palabra.

Ira tengo del que me abandonó
cuando me jugué todo en un instante de locura
ira del que no supo darse entero en la pelea
del que escondió la mano que lanzó la piedra
de esta incesante lucha a puño limpio
del mezquino con alma de payaso.

Es lama adherida a mi garganta…
Esta ira del mundo que me tocó
de las guerra de Irak, de kosovo y de Colombia
del terremoto, del tsunami, y del tornado…

Hoy
corto las hojas
de esta cizaña que en mi boca
como santo hipócrita se presenta
a pedir disculpas.

Ayúdenme a cambiar la ira en alegría
en el rojo alboroto del cafeto,
en voraces flores que devoren
cada minuto de estos días sulfurosos.

Señor,
te doy toda mi ira
te la cambio por una sola moneda de tu luz.

Cita con Irene

En esta calle de Estambul
(Ebussut Cadessi 32 Sikerci)
desandando los siglos
recorriendo una a una
quince civilizaciones.

No me reconozco en la Hitita
tampoco en la Sumeria
ni en la Siria
y si salto a la Romana
después de detenerme en la Euliana
me voy sintiendo una de ellas.

En Bizancio
cumplo mi cita con Irene
coronándose en Santa Sofía
después de asesinar a su hijo a sangre fría
y de cortar la lengua a sus cuñados.

Su desmesurada ambición
su amor al trono
le dan un bello filo a su mirada.

Ella,
Santa Irene
y todas las Irenes del mundo
de sus tumbas se levantan hoy
a ocupar un espacio en mi poema.

 

La cintura de América

El mundo no es igual en todas partes
(lo digo yo con mi profesión de peregrina)…

He visto rostros herederos de la guerra
con la piel marcada por las penas
(en su voz no queda rastro fresco)
rumiando los frutos del desastre.

En lo más tercer mundista de mi América
al ritmo de canciones subversivas
promiscuamente comparto
a ciencia cierta su desesperanza.

Tras el telón que levanta la mañana
cuerpos sudorosos en las calles
ocultan tempestades en el pecho
con sus lenguas consumidas en la arena.

Como en solemne angustia de hospitales
se detienen en diálogos sin prisa
sin lugar a donde ir
sin trabajo, alimento o quien espere…
La música distrae la razón
y las carencias extienden sus dominios.

¡Ojalá mis ojos me engañaran!
No veo claro
demasiado polvo y destrucción
en la dulce cintura de mi América.

 

CONSUELO HERNÁNDEZ

POEMAS DE ESCOMBROS Y CENIZAS / POEMS FROM DEBRIS AND ASHES

Poemas de escombros y cenizas nos provee de una palabra urgida y urgente, incontenible. Se abalanza esta voz por el espacio injusto que descubre en todo lugar, y hecha grito recorre en busca de hacerse oír, en donde ya sabemos nadie oye. No le parece tarea perdida sino necesaria. Y va pues, a atravesarse en los carriles de lo que vislumbra es nuestra historia – un sartal de catástrofes que no nos deja en pie- a parar estos versos en alto, a hacer visible la alerta, con la ilusión de que alguien se detendrá. Sin duda, un libro con estas características es un libro necesario y urgente.”

Elvira Hernández (Poeta chilena).

“Tenemos aquí una voz y una persona viviendo las inclemencias del nuestro tiempo... y la violencia que convoca estos poemas es la continua, indescifrable, y difícilmente explicable violencia que vive Colombia y el mundo entero. Hay angustia y desesperanza en esta voz solitaria, pero la poeta no hace concepciones. La poeta escribe contra las guerras y las combate en sus versos: Me niego definitivamente a aceptar /que la vida sea un juego de perseguidor y perseguido. La voz de Consuelo Hernández es única, es la voz de todos. Es nuestra voz.”

Herbert Tico Braun (Distinguished Professor of University of Virginia).

Sobre la autora:

Consuelo Hernández nació en Colombia y es la autora de cuatro libros de poesía: Voces de la soledad (1982), Solo de violín. Poemario para músicos y pintores (1997), Manual de peregrina ( 2003). También es autora del libro Álvaro Mutis: una estética del deterioro, el cual está prologado por el propio Mutis. Fue finalista del concurso Internacional de Poesía "Ciudad Melilla" en España y del "Concurso Letras de Oro," de la Universidad de Miami”. Ha recibido distinciones del Consulado de El Salvador en Nueva York y fue la primera autora en lengua hispana en ser incluida en la Colección Especial de la Biblioteca de American University. Sus poemas han sido incluidos en numerosas antologías, y ha sido invitada a lecturas de poesía en Estados Unidos, Latinoamérica y Europa y por organizaciones tales como: el Festival Internacional de Poesía de Medellín, la Biblioteca del Congreso, The New York Public Library, la Fundación Pablo Neruda in Chile. Actualmente es profesora de American University en Washington DC.

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Páginas 104